sábado, septiembre 30, 2006

Un Argentino Que Espera Tripular Un Transbordador

Astronaut 1
Desde hace ocho años integra el Cuerpo de Astronautas de la NASA. Es el ingeniero Fernando Caldeiro.

HOUSTON.- "¿Qué hacés, che? ¿Todo bien?", saluda con una sonrisa un hombre de mediana estatura, con algunas canas y el mameluco azul que utilizan los astronautas de la NASA los días de entrenamiento. Fernando Caldeiro es el único astronauta argentino en el mundo desde hace ocho años, cuando pasó la selección y las pruebas, y recibió sus "alas de plata".

Trabaja en el Centro Espacial Johnson de la NASA, al sudeste de esta ciudad. Quizá reciba el llamado para sumarse a un vuelo del Transbordador Espacial antes de que el programa cierre en 2010. "Mientras tanto trabajo allá", dice a LA NACION, mientras conduce una camioneta.

Señala el Hangar 990 del aeródromo Ellington, dentro del mismo complejo militar y civil. Un avión T-38 para entrenamiento supersónico de los astronautas despega, mientras otros dos esperan en la pista. Dentro del hangar que señala Caldeiro un grupo de técnicos y estudiantes universitarios preparan tres aviones para sus próximas misiones de investigación científica.

El primero que salta a la vista es un DC-9 modificado, con su blanca panza vacía y acolchonada por dentro. Está acondicionado para llegar a alturas extremas y lanzarse en picada. Así crea la sensación de ausencia de gravedad durante 29 segundos, de modo que los astronautas anticipen y practiquen cómo vivirán en el espacio.

Detrás del DC-9 aparecen dos WB-57, aviones Canberra de combate de los que queda muy poco de su diseño original: extendieron sus alas y los motores son más poderosos para cumplir tareas de investigación. "Este voló hace unos años por encima de la Argentina para medir la extensión del agujero de ozono", cuenta Caldeiro, mientras pasa por debajo de uno de ellos.

"Son aviones preparados para llegar a los 20.000 metros de altura, a la troposfera. A esa altura se ve la curvatura de la Tierra y tenemos que volar con los trajes naranjas de astronautas para tener presión atmosférica si se perdiera la presión de la cabina -explica-.

Volamos con todo tipo de instrumentos para hacer mediciones científicas. Hacemos uno o dos vuelos por semana y tenemos pedidos de investigación para los próximos dos años", anticipa.

Caldeiro nació en Ituzaingó en junio de 1958. A los 15 años se mudó a Nueva York con sus padres, españoles -"gallegos", destaca-, y su hermana, y allí completó la secundaria. Luego se pagó los estudios universitarios como pudo, se graduó como ingeniero en la Universidad de Arizona, ingresó a Rockwell, una empresa que trabajaba para la Fuerza Aérea en la construcción y pruebas de vuelo del bombardero USAF B-1B, y entonces le ofrecieron ingresar en la Agencia Aeroespacial.

"Hasta ese momento ni se me ocurría pensar en ser astronauta -dice-. Claro que como todo pibe jugué de chico con ser astronauta, ir a la Luna y volar en el espacio, pero nada más. Hasta que la que entonces era mi jefa me insistió para que me inscribiera en la convocatoria de la NASA para selección de astronautas. No estaba convencido, pero lo hice por curiosidad, para saber si pasaba." Pasó.

Se inscribieron 6000, con el primer filtro quedaron 4000 y después de la segunda selección, 120. "En abril de 1996 me seleccionaron como candidato oficial y en agosto nos mudamos a Houston", recuerda, en alusión a su esposa, norteamericana, con quien tiene dos hijas, de 9 y 7 años.

Tras dos años de capacitación, exámenes, entrenamiento y pruebas de todo tipo, ingresó en el Cuerpo de Astronautas de la NASA, que aún integra. Varios de sus compañeros de promoción ya volaron al espacio y tres murieron en 2003, en la tragedia del transbordador Columbia: el piloto William McCooly y dos especialistas de la misión, David Brown y Laurel Clark.

"Aquello fue durísimo. Nos golpeó feo", rememora, mirando hacia adelante. Guarda silencio unos segundos y añade: "No todo lo que brilla es realmente tan estupendo. Claro que ser astronauta tiene muchas cosas fenomenales. Todos te felicitan, te invitan a fiestas y agasajos, pero también es desgastante para todos, incluidas las familias", dice.
Por Hugo Alconada Mon
Corresponsal en EE.UU.
23/07/2006.

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Tengo 56 años, soy pisciano y docente, me gusta la libertad mental y espiritual, aunque soy dependiente en cierta forma de mi entorno material.