martes, agosto 15, 2006

No Compre Niños Por Internet

Baby Girl Twins
Supongo que la idea de tener un hijo, es más, el hecho de acogerlo durante nueves meses en el vientre para después darle vida y mostrarle el mundo por primera vez, debe ser una de las más grandes satisfacciones como ser humano, pero lo que no concibo, es cómo se puede tener el corazón para venderlo.

Por muy crudo que pueda sonar, uno está acostumbrado a comprar mascotas: perros, gatos, peces y cualquier otro animal para hacernos compañía, sin embargo, tal parece que la nueva modalidad en este, nuestro querido siglo XXI, es adquirir hijos a través de Internet, tan sencillo como comprar un disco, nada más que con un poco más de papeleo.

En el 2001, en Estados Unidos, una mujer de 25 años llamada Tranda Wicker dio a luz a las mellizas Belinda y Kimberly, pero ante lo que posiblemente fue una depresión -común en los veinti tantos- Wicker tomó la decisión de poner en venta a sus hijas, sacar unos cuantos billetes por la transacción y olvidarse de que alguna vez fue madre.

Para tan importante negocio acudió a la firma en Internet llamada Caring Heart Adoption, un lugar que ayuda a los padres desesperados a buscar un hogar para sus hijos, incluso cuando esta idea no es del todo descabellada, lo que sucedió después sí lo fue.

Las mellizas fueron compradas por una pareja estadounidense, Richard y Vickie Allen que pagaron una suma mayor a los doce mil dólares, la entrega se hizo sin inconvenientes, pero después de un mes, antes de que el papeleo de adopción fuera siquiera solicitado, Wicker -la madre natural- se las quitó, argumentando que quería pasar un poco más de tiempo con ellas antes de entregarlas. La pareja Allen accedió sin sospechar que sería la última vez que verían a sus nuevas hijas.

Para Wicker y su mente desequilibrada, lo más sencillo fue volverlas a vender, así ganaría el doble, y ya luego se las arreglaría para entregar a las niñas, es más, con suerte hasta se las quedaría para venderlas una y otra y otra vez, en sus manos tenía un negocio redondo.

La siguiente pareja incauta fue Judith y Alan Kilshaw, unos galeses que argumentado que la adopción era más sencilla en los Estados Unidos, accesaron a Internet topándose con las famosas mellizas Belinda y Kimberly que por segunda vez serían parte de una fraudulenta transacción de unos trece mil dólares, por desgracia, esta vez el asunto alcanzó límites insospechados para todos los involucrados, ya que los Kilshaw al recibir a las niñas, regresaron al norte de Gales para dar inicio al papeleo, todo parecía llegar al final.

Días más tarde, la pareja Allen comenzó a sospechar de Wicker, porque nunca más volvieron a ver a las mellizas, fue entonces cuando acudieron al FBI, esa fue la gota de derramó el vaso, los Allen nunca se enteraron que Wicker vendió dos veces a las mellizas, los Kilshaw lo supieron semanas más tarde y ahora resulta que hay una tercera pareja -de identidad desconocida- que reclama los derechos de Belinda y Kimberly.

Pero lo más absurdo de todo esto es que la madre las quiere de vuelta, diciendo que fue un mal entendido y que extrañaba mucho a sus hijas.

Pero aún hay más extrañezas y pasajes bizarros en esta historia: una película, los Kilshaw detectaron una mina de oro en el asunto, declarando estar dispuestos a llevar su historia a la pantalla grande, porque, según ellos, todo el mundo debe conocer su triste caso.

Al parecer los Kilshaw disfrutan atrayendo la atención del público, ya que en el año 2000 pidieron una inspección en su granja porque afirmaban que habían visto, oído y notado una presencia inexplicable, que podía ser “el diablo”.

El mensaje de esta historia puede ser interpretado de múltiples maneras, pero algo sí es bien claro, Internet puede ser un arma de dos filos sino se maneja con cuidado, y es muy posible que la adopción no sea la mejor búsqueda, aun cuando hay cientos de sitios en la red.
Susana Tamayo Bojalil
Analítica.com

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Nombre: Lucio
Ubicación: Resistencia, Chaco, Argentina

Tengo 56 años, soy pisciano y docente, me gusta la libertad mental y espiritual, aunque soy dependiente en cierta forma de mi entorno material.